Las redes sociales y el uso de internet pueden exponer a los menores a una serie de conductas de riesgo que incluyen, entre otras, el ciberacoso, el grooming, la exposición a contenido inapropiado, el sexting y el contacto con desconocidos. El ciberacoso implica el acoso, la intimidación o la exclusión de un menor a través de plataformas digitales, mientras que el grooming se refiere a la acción de un adulto para ganarse la confianza de un menor con el objetivo de obtener imágenes o encuentros sexuales. La exposición a contenido inapropiado puede incluir violencia, pornografía o discursos de odio, lo que puede afectar negativamente el desarrollo emocional y psicológico de los menores. El sexting, que implica el intercambio de contenido sexualmente explícito, puede llevar a situaciones de chantaje o humillación. Además, el contacto con desconocidos en línea puede exponer a los menores a riesgos de abuso sexual o manipulación.
El acceso instantáneo a la información a través de internet y las redes sociales brinda a los menores una comodidad y practicidad indiscutibles. Sin embargo, esta inmediatez puede generar una falta de tolerancia a la espera, al aburrimiento y a la incertidumbre, fomentando la impaciencia y la exigencia excesiva.
La creencia errónea de estar constantemente conectados puede conducir al aislamiento y la soledad, ya que la interacción en línea no reemplaza las relaciones sociales reales. Al limitar sus experiencias al mundo virtual, los menores pueden perder oportunidades de aprendizaje y desarrollo personal, volviéndose más inseguros y menos hábiles en la interacción social cara a cara. Además, el exceso de tiempo en dispositivos electrónicos puede provocar cambios de humor, ansiedad y dificultades en las habilidades de comunicación interpersonal.
Por lo tanto, es esencial que los padres, tutores y educadores estén conscientes de estos desafíos y tomen medidas para promover un equilibrio saludable en el uso de la tecnología, fomentando experiencias en el mundo real y una comunicación abierta sobre los riesgos asociados con el uso excesivo de internet y las redes sociales.
En mi opinión, los menores no deberían acceder a las redes sociales hasta los 16 años. Exponerlos a estas plataformas demasiado pronto puede exponerlos a peligros innecesarios que podrían evitarse retrasando su introducción. Sin embargo, considero que el uso controlado de internet puede ser beneficioso, siempre y cuando sea supervisado por un adulto para evitar el acceso a contenido inapropiado.
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